University of Florence

Nov 22, 2021

4 min read

An intimate and contested relation

From Firenze University Press Book

Alessandra Lorini, University of Florence, Italy

Desde la perspectiva cubana, el siglo XIX marca el despegue de una relación
conflictiva entre la naciente nación que se forjaba en Cuba y los intereses de
los grupos de poder en Estados Unidos, que aspiraban a la posesión de la Isla.
Sin embargo, en los diferentes sectores sociales de la Gran Antilla se establecen diversas formas de relación con la nación del Norte, también constituida por grupos con variadas posiciones referidas a la relación mutua.

Se trata de una compleja trama en cuyo interior se mueve la presencia de una creciente emigración desde la Isla hacia el país vecino, lo cual tendría incidencias múltiples en el modo de percibir tales vínculos. En ese contexto se produjo la construcción del Partido Revolucionario Cubano a fines de la centuria, cuyo artífice fue José Martí, quien también tendría una relación contradictoria con el país donde vivió durante casi quince años en condición de emigrado.

Estados Unidos en la perspectiva cubana del siglo XIX

Las relaciones entre la población de la Isla y la del territorio vecino del Norte tienen una larga data, por la cercanía geográfica y por la presencia de la colonización española en ambas costas del Golfo de México. Intercambio de población y también de productos por la vía del contrabando forjaron los primeros vínculos.

No obstante, una vez lograda la independencia de las antiguas Trece
Colonias Inglesas fue que se proyectó una política exterior en la cual Cuba estuvo entre sus prioridades desde las primeras definiciones. La proyección de los Estados Unidos como gran nación desde su construcción inicial, de acuerdo con la perspectiva delineada por algunas de sus principales figuras, implicó una mirada de expansión futura, en la cual se insertó la relación bilateral.

El interés de Estados Unidos por la posesión de Cuba, dentro de lo que hoy
podemos llamar una concepción geopolítica y una incipiente concepción de seguridad nacional, tuvo como base primaria la posición geográfica de la Isla
como Llave del Golfo, de acuerdo con la apreciación de algunos de los padres
fundadores. A partir de este interés, se fue definiendo una política de mediano plazo, por la cual la Isla debía quedar en manos de España, una potencia de segundo orden, hasta que por ley de “gravitación política” cayera en manos de Estados Unidos.

De ahí que éste fuera un tema constante en los círculos de poder norteamericanos.
El interés por el control de Cuba implicó la búsqueda de potenciales aliados al interior del país para una posible anexión, por lo que hubo cónsules y
agentes estadounidenses en el territorio insular que establecieron vínculos, al
menos coyunturales, con grupos y figuras generalmente representantes de la
burguesía criolla que, en determinadas circunstancias, se movían del reformismo al anexionismo. Tales contactos avivaron el interés mutuo por conocer las características y potencialidades del otro. Al mismo tiempo, el creciente intercambio comercial, que hizo de Estados Unidos el mercado fundamental de la producción cubana, especialmente del azúcar crudo y durante algunos años del café, fue tejiendo una relación dependiente que tendría importantes consecuencias en la actitud de los sectores de la burguesía dedicados al comercio exterior y a la producción de azúcar que, por su peso dentro de la economía del país, encontraría eco en otros sectores y grupos sociales.

La actitud norteamericana respecto a Cuba fue un factor importante en la
promoción de relaciones muy especiales entre los dos territorios; otro factor
es la imagen que existía acerca de los Estados Unidos de la época. Se trataba
de una nación que se había independizado de su metrópoli bajo los principios
enarbolados en la Declaración de Independencia. Tales principios, más la constitución de un gobierno bajo la forma republicano-democrática, a pesar de la persistencia de la esclavitud, y el desarrollo económico que rápidamente iba alcanzando, forjaban un paradigma que expandía su imagen. Funcionaba como un modelo en distintas partes del mundo y también en Cuba.

Una temprana expresión de la imagen que existía, al menos en los grupos
elitistas de la Isla, puede encontrarse en el informe del Cónsul en La Habana,
William Shaler, acerca de la entrevista sostenida el 14 de junio de 1811 con
José de Arango, Tesorero de la Real Hacienda. Según Shaler, Arango expresó
que aquí se admiraban sus instituciones, sus leyes y su forma de gobierno porque procuraban su prosperidad y su felicidad.
Interesa destacar la asunción de Estados Unidos como paradigma de libertad y progreso por una figura representativa de todo un sector de los criollos ricos y, por tanto, puede inferirse que estaba expresando una idea compartida por los otros miembros de su grupo.
Esta imagen habría de extenderse en amplios sectores de la sociedad cubana.

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