La gravitación cubana de la estrella de David

Luis Edel Abreu Veranes, Universidad de La Habana. Facultad de Filosofía e Historia

Los judíos a lo largo de más de dos milenios conformaron una diáspora mundial que se fue filtrando, desde su núcleo de origen hacia Europa y toda la cuenca mediterránea adaptándose en mayor o menor medida a los pueblos en los que se fueron insertando pero, conformando a su vez un grupo social propio con su contornos identitarios preservados por la religión y la tradición cultural. El milenario pueblo cuyos pasajes se recogen en la biblia estuvo expuesto a los vaivenes de una región compleja desde el punto de vista civilizatorio, lugar de encuentro, yuxtaposición y fusión de grandes culturas milenarias. Durante el primer milenio antes de nuestra era, los judíos no estuvieron exentos de contradicciones internas y también fueron botín de conquista, por otros pueblos que afluían a la tierra donde nació el judaísmo, como los asirios, babilonios y persas. Sin embargo el punto de no retorno, durante la época antigua, parece haber ocurrido con la expansión del Imperio Romano, cuya influencia había comenzado a sentirse en la región.El gran impacto previo había llegado con Alejandro Magno que desarrolló una tole-rancia que favoreció el desarrollo y la convivencia de los judíos. Sin embargo a inicios de nuestra era el emperador Tito «[…] destruyó el segundo templo, completando la expulsión de los judíos, la cual ya se había iniciado antes con las conquistas de los asirios y los babilonios y dando lugar a lo que se ha llamado “la diáspora judía”».

Por tanto asistimos a un exilio escalonado y discontinuo que se derramó por el mundo durante varios siglos, a partir de oleadas de expulsión protagonizadas por los conquistadores, que tuvo un final muy romano durante las primeras centurias de nuestra era. Esto ratifica el planteamiento de que «[…] el último brote de soberanía judía sobre la multiétnica Palestina de entonces se extinguió 1800 años antes de que la ONU la resucitara». También queda desmitificado cualquier intento de reivindicar una propiedad exclusiva sobre dicho territorio. A partir de ese momento la evidencia histórica demuestra el carácter reducido de una comunidad judía que siguió siendo objeto de expulsión por conquistadores, como ocurrió con la llegada del Islam y en la época de las cruzadas. De todo lo anterior se desprende que la existencia del pueblo judío está asociada íntimamente al proceso socio-demográfico y cultural del exilio, que favoreció el desarrollo de nuevas herramientas de supervivencias, no relacionadas directamente con una unidad territorial, sino con el fenómeno religioso del judaísmo y su permeabilidad sobre el tejido social y cultural de dicho pueblo durante dos milenios de historia, en los diferentes territorios donde se asentaron.

Después de la catástrofe que representara para el pueblo judío las guerras judeo-romanas, la supervivencia no dependió de templos ni de un territorio delimitado, sino del ímpetu y la vitalidad que le imprimó su religión. Como afirmara Hans Küng «[…] la religión fue la que dio al pueblo sin patria una nueva patria espiritual». La larga edad media judía estuvo marcada por transformaciones institucionales y simbólicas en que cobraron protagonismo los rollos de la torá, la oración y los rabinos. Las sinagogas se difundieron por el mundo hebreo, sobre todo en África del Norte, Europa y el Medio Oriente. Los hebreos desde entonces comenzaron a vivir en guetos donde ocurrieron los principales procesos religiosos, culturales y rituales que preservaron la tradición judía. Esa preservación nacional cuya matriz se encuentra en el poderoso corpus religioso del judaísmo contribuyó a conservar la identidad del pueblo pero también favoreció, en ocasiones, el rechazo de las sociedades receptoras. Sobrados ejemplos de persecuciones y exterminios se materializaron en el contexto de las sociedades medievales europeas. La ilustración abrió un nuevo camino para el desarrollo judío fuera del gueto, proceso que no se reflejó de la misma manera en todos los lugares, en países de Europa occidental se produjo una mayor integración judía a dichas sociedades y más visible absorción de su cultura, por los judíos. Este proceso marcó un parte-aguas en el camino transitado por los hebreos, partiendo de los derechos ciudadanos que había otorgado el proceso revoluciona-rio francés y que sirvió como modelo para gran parte de Europa. En ese escenario emerge un intenso debate ideológico entre las diferentes fuerzas que optaban por una apertura judaica a la modernidad.

DOI: https://doi.org/10.13128/ccselap-12517

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The University of Florence is an important and influential centre for research and higher training in Italy

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